Situada en el lugar de Hoyo Frio, en el barrio de Ozana y a escasos metros de la curva que alli da la carretera.
Morfologia superficial
La dolina de Hoyo Frío, en cuyo interior se encuentra el acceso a las cuevas de la Loca I y II, presenta un eje mayor aproximado de 216 metros, un eje menor de 155 y una profundidad de 15 metros, valores que introducidos en los índices de aplanamiento y relación de diámetros, nos da datos que podemos resumir diciendo que se trata de una dolina inversa de forma paraelíptica.
Respecto a la génesis de la dolina, diremos que por las numerosas señales de hundimiento halladas en la misma, existe una circulación hidrica subterránea de cierta importancia y que no sólo suponemos fue la causante de su génesis si no también de su evolución en profundidad, siendo muy posible que esta acción estuviese favorecida por el debilísimo buzamiento de las capas calizas, dada su gran proximidad con el eje anticlinal.
Por último, hemos de decir que por el fondo de la dolina de Hoyo Frío corre un pequeño curso de agua, procedente de la cueva de la Loca I y que, a los pocos metros de curso epígeo, desaparece por una grieta alargada, con el aspecto de ser una diaclasa inclinada, ensanchada por la acción erosiva del agua y que corresponde ya al sistema de la cueva de la Loca II.
Geomorfologia (Morfología subterránea).
Cueva de la Loca I.
Esta cavidad, explorada en cerca de 70 metros, está constituída por un colector principal que tiene todas las características de un tubo a presión, y unas galerías laterales colmatadas, siguiendo todo el conjunto las directrices rectilineas que imponen los sistemas de diaclasas que cubren la zona.
Las paredes del tubo a presión están cubiertas por "tinajas" (asi llamadas por los morfólogos mejicanos y "vagues" de erosión por los morfólogos franceses). Estas tinajas ya las habíamos observado en otras cuevas de Matienzo (cueva de Tiva), de la provincia de Santander (Cueva de la Mea) y en las fotografías de diversas publicaciones, n.º 6 de la revista "Karst" dedicada al complejo de Ojo Guareña, y que, por falta de conocimientos o quizás de documentación bibliográfica, han atribuido a fenómenos de cavitación. Nosotros siempre hemos podido observar que su génesis ha estado ligada a condiciones de turbulencia en unos casos, y en otros, con la existencia de un manto freático. En el primer caso las encontraremos depositadas en la zona de oscilación del nivel piezométrico, siendo sus características las de un gran desorden y una notable tendencia hacia la disimetria en las mismas. En el segundo caso, se presentarán con una distribución muy ordenada y una gran variación en las dimensiones. La importancia de estas tinajas en la morfologia de una cavidad es grande, pues nos permiten dilucidar aspectos tan importantes como el sentido de circulacion de las aguas, y la altura máxima que puede alcanzar el nivel piezométrico. Muchas mar-mitas cavitacionales y parietales como ya fue indicado por, son un tipo particular de estas tihajas, interviniendo en su genesis fenómenos como la corrosión por mezcla de aguas, en relación con microfisuras, etc., y que en modo alguno deberán ser confundidos con los impropiamente llamados fenómenos cavitacionales.
A todo lo largo de este conducto, circula un curso hidrico con un caudal en estiaje (verano 1965) de 5 litros por segundo y que, tras haber efectuado coloraciones en las cuevas de Selvijo y de Orillón, se pudo comprobar que su origen o procedencia era el de las dos anteriores cuevas citadas y que, a juzgar por el corto número de horas que tardaron en efectuar el trayecto que las separa de su resurgencia, este debe de estar totalmente carente de lagos, sifones u otros accidentes que dificultarían o retrasarían la circulación de las aguas. En honor a la verdad, la coloración efectuada en la cueva del Orillón, con 800 gramos de fluoresceina, no surgió al exterior con toda la intensidad que se esperaba, sino con una débil tonalidad: lo cual, sea dicho de paso, nos presenta algunos problemas que están aún por resolver.
Debido a las pequeñísimas dimensiones del conducto colector, que puede alcanzar 50-80 centímetros de anchura, nos fue totalmente imposible realizar el plano del mismo, ya que todo el trayecto ha de efectuarse reptando sobre una helada capa de agua que deja muy pocos centímetros libres para sacar las manos de el y efectuar las anotaciones pertinentes.
Cuadernos de Espeleología 2
Publicaciones del Patronato de las Cuevas Prehistóricas de la Provincia de Santander 1966








