sábado, 4 de enero de 2020

Cueva del Chaparral (Oreña, Alfoz de Lloredo)

Descripción: En la ladera de una de estas dolinas se sitúa la única boca practicable de la cavidad. La galería que parte de ella tiene el suelo cubierto por grandes bloques procedentes de diversos derrumbamientos de la bóveda. Desde aquí, una pequeña gatera conduce a una zona laberíntica de la que surgen dos galerías inactivas, bastante concrecionadas, en las que se encuentran las cotas más altas de la cavidad. Una de ellas se corresponde con una antigua entrada, hoy taponada por tierra.

Desde esta zona laberíntica se puede descender por dos lugares distintos a un nivel inferior donde se encuentra la galería de mayores proporciones de la cavidad, de dirección O-E, y desde la que aún es posible descender a través de dos pozos a otros dos niveles, el inferior de los cuales es una sala parcialmente ocupada por un lago. En realidad estos dos últimos son parte de una misma fractura, ensanchada por el agua y que se prolonga hacia el este, si bien solo es explorable en parte.

La galería mayor tiene en su tramo occidental un fuerte concrecionamiento, con suelos estalagmíticos y grandes gours secos. En su extremo, el concrecionamiento acaba taponando por completo el conducto. El sector oriental presenta sedimentos de tierra muy fina, y a partir de su primer tercio suelos desfondados sobre otras galerías.

Desde el segundo tercio, la galería asciende y toma rumbo NE, aparece concrecionada, y en su tramo final el suelo está cubierto por una colada excepcionalmente blanca.
Finalmente, la galería se estrecha terminando en una gatera impenetrable, por la que surge una fuerte corriente de aire. La colada blanca ha sido preservada habilitando un único paso junto a una de las paredes, y pasando por ella en solo dos ocasiones y sin calzado.

De esta galería principal surgen otras tres, paralelas a la de entrada y ascendentes. Las dos más occidentales tienen suelos de arena y bloques, mientras que la oriental es un tubo a presión sin ningún tipo de sedimentos. Todas ellas conectan también, aunque no siempre a través de conductos explorables, con el nivel inferior ya mencionado.

En la zona de las galerías desfondadas se inicia un conducto que desciende con rumbo SE, y comunica con varias galerías de suelo de tierra fina, desde las que se abren varios pozos que terminan taponados por tierra, o haciéndose impenetrables. El extremo oriental de este sector tiene un suelo formado por una fina capa estalagmítica cubierta de tierra, que lo separa de otra galería inferior de unos 3 m. de altura. Este suelo se rompe con facilidad al caminar sobre él, constituyendo una auténtica trampa para espeleólogos confiados.

En la Cueva del Chaparral se observan dos direcciones principales de conducción del agua. Hay seis galerías, paralelas entre sí, y de dirección NE-SO que descienden hacia otras dos galerías de rumbo O-E. Cinco de las primeras corresponden a diversas etapas de actividad en el drenaje de la dolina que se sitúa al Norte de la cavidad. A medida que el fondo de la citada dolina ha ido descendiendo, se ha ido desplazando hacia abajo y hacia el Este la circulación subterránea de sus aguas, aprovechando en cada fase distintas fracturas de la roca. El desplazamiento hacia el Este viene determinado por el buzamiento de los estratos, que descienden en esta misma dirección. Algunas de las galerías poseen además dos o más pisos superpuestos, formados por el descenso del agua a favor de las correspondientes diaclasas. El sexto conducto, el más oriental de ellos, realiza la conducción de las aguas procedentes del pequeño monte situado al Este de la cueva.

Las dos galerías de dirección E-O corresponden asimismo a dos fases de circulación del agua. La superior, ya sin actividad y con abundantes procesos para genéticos; y la inferior, explorable solo en parte, activa y en la que el agua ha profundizado notablemente a favor de una diaclasa, pero ensanchando muy poco el conducto. Ambas han conducido el agua de las cinco galerías ya citadas así como las procedentes del monte que se halla al Oeste del Chaparral.

En la zona en la que se unían las aguas procedentes del sector oeste y las del este, aprovechando la reactivación por mezcla, profundizaron a favor de diaclasas, hasta sumirse en un nivel inferior al que no tenemos acceso. Como resultado de ello, nos encontramos una serie de pisos superpuestos, enlazados entre sí por derrumbamientos distribuidos caóticamente, y pozos que se pueden explorar hasta profundidades de unos 35 a 40 m. por debajo del nivel de la entrada. En este punto, todos los pozos quedan taponados por depósitos de arcilla o tierra, o se estrechan impidiendo el avance. Toda esta zona es ya prácticamente inactiva.

Bibliografia
Boletín Cántabro de Espeleología 12, 1996.

No hay comentarios:

Publicar un comentario